Almuerzo patrio, Charly, el tiempo, la vida.

 

 Día patrio. Arranco tempranito con la preparación de un guiso de lentejas. Con todo lo que me gusta, chorizo colorado, panceta, mucho pimentón.

 Hace unos años era impensable. Juan no quería saber nada con esa comida, pero el tiempo a veces otorga sabiduría y un buen paladar. Ahora le encanta.

 Antes de sentarnos a la mesa me adueño del control remoto de la tele. Por lo general, a la hora del almuerzo se los dejo a padre e hijo para que disputen su derecho a ver videos de jueguitos o de filosofía. Pero esta vez no hay discusión, me toca. Hace horas que estoy meta picar, cortar, mezclar y el guisito que me salió, modestia aparte, es espectacular. 

 Pongo música. Elijo el disco de Charly, "Filosofía barata y zapatos de goma". Suena "De mí", tan hermosa. Hoy me recuerda a "Días y flores" de Silvio Rodríguez. 

 Las canciones de ese disco me hacen viajar. Lejos, muy lejos.

 Año noventa. Yo tenía diecinueve y el mundo era todo lo que venía. Sacamos las entradas para la presentación de Filosofía en el Gran Rex. El recital empezaba, creo, con un video en pantalla gigante. Una playa, un atardecer, un hombre, una mujer y un encuentro. Parecía la publicidad de un chocolate de tan dulce pero había algo risueño en esa ternura, una parodia quizás. Era parte de una complicidad, de otra cosa.

 Seguimos comiendo mi súper guiso y suena "Reloj de plastilina". Hay canciones que sólo el paso del tiempo puede ponerlas en su lugar. Es como si estuvieran escritas en un lenguaje secreto, o en tinta invisible. Están ahí pero no las vemos. Están esperándonos, porque en algún momento vamos a entenderlas. Y un día pasa. Escuchamos la letra y todo tiene sentido:

 "Una vez creí que nada iba a pasarme
Una vez pensé que nadie iba a matarme
El tiempo pasó entre rayuelas y cometas
Entre un amor y bicicletas
Y aunque estuviera sólo, sabía jugar."

 Por aquellos años ni siquiera le prestaba atención, y hoy la escucho y sacude todo mi ser.
 
 A esta altura del almuerzo, ya todos elogiaron mis habilidades en la comidita patria.
 
 La música sigue sonando. Ahora viene "No te mueras en mi casa" y yo canto una de las estrofas:

 "He visto muchos casos de epilepsia, 
conozco la leyenda del colmillo,
tomemos el asunto con asepsia, 
pero por favor, no te mueras en mi altillo".

 Me acuerdo que con mi hermana la escuchábamos y nos acordábamos de un personaje amigo que solía caer en casa y siempre terminaba en el altillo donde dormía ella contándole sus penas. Lo comento muerta de risa y aunque estoy casi segura que lo conté ya otras veces, me escuchan atentos.

 La música sigue sonando mientras conversamos de otras cosas. En el medio llega "Sólo un poquito nomás", lindísima. Después "Me siento mucho mas fuerte" (¿Cuantas veces habré aullado el estribillo de esa canción dedicándole cada palabra a un gran desamor?) y la  preciosa "Siempre puedes olvidar", que me parte la cabeza porque tiene un halo de misterio y porque la voz de Fabi la hace más enigmática.

 Cuando llega el Himno Nacional ya terminamos de comer hace un rato. Estamos de sobremesa y yo le cuento a Juan que cuando se empezó a escuchar hubo mucha polémica. Para la generaciones más grandes era una falta de respeto y a mí eso me parecía absurdo porque era una versión tan respetuosa y tan mágica. Un profesor de la escuela de periodismo donde estudiaba decía que Charly le había quitado la onda de marcha y que ahora, con los mismos acordes, era más cercana a un blues. 

 Parecía otra canción, una tan diferente a la de los actos en la escuela secundaria. Como el cuento de Borges, "Pierre Menard, autor del Quijote", era la misma canción y no era, era la misma letra pero no.

 "Oh juremos con gloria morir!" cantábamos y era emocionante, como si descubriéramos recién su significado. 

 Mientras cantamos los tres le cuento a Juan que una vez la escuché en vivo en un recital gratuito en la 9 de julio. Se había largado a llover y Charly siguió tocando. Y era una multitud de jóvenes saltando a los gritos y cantando el himno bajo la lluvia. Recuerdos tan emocionantes.

 Juan me escucha, por interés o por educación pero me escucha. Me doy cuenta de pronto que soy una señora grande contándole a un pibito los recuerdos del ayer. 

 Después cada uno se va a seguir con lo suyo. Y yo sigo pensando en las historias, la vida, el tiempo, esas cosas.

"Fui lo que creí 
soy lo que está pasando".  

 Qué frase perfecta. Esa fui y esta soy hoy. La que hace guiso, la que marcha y putea, la que le cuenta historias a su hijo, la que escribe. Y entre una y otra siempre habrá canciones de Charly.

¡Feliz día de la patria para todos!

 

  

  

 

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