1° de mayo

Todos los años, cuando llegaba el 1° de mayo, mi papá compraba claveles rojos.

Después prendía el combinado y ponía aquel disco.

Y ahí empezaba a sonar La Internacional en el comedor de mi casa.

Mi vieja, un poco más prudente, se ponía nerviosa y le pedía que por favor bajase el volumen, que los vecinos podían escuchar.

Pero mi papá, rebelde como un niño, lo subía al mango.



La música sonaba fuerte. 

Así era cada año el 1° de mayo allá lejos en mi infancia.





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