Argentina-Inglaterra ¿Sólo fútbol?

 

   En estos días estuve pensando mucho en mi viejo. El pique de una pelota me lo trajo una y otra vez.

   Y no, no es que mi papá fuera bueno en el deporte. Para nada, más bien todo lo contrario. 

   Lo que le gustaba a mi viejo era leer. Tenía una biblioteca inmensa, tres paredes con estantes repletos de libros. 

   También le gustaba la historia. Tenía enciclopedias y colecciones que leía una y otra vez mientras tomaba apuntes. 

   Y le fascinaba la música y obviamente la pintura. Le gustaba el arte.

   Le gustaba la cultura.

   Pero con los deportes, cero, nada, un cascote.

   No, mi papá no sabía jugar al fútbol. Pero sabía de cultura, y sabía que la cultura es mucho más que todos los libros, la música y la pintura de la historia de la humanidad. 

   En casa había discos de música clásica, de folclore y de cumbia; había libros y también historietas; se veía cine, teatro y todas las películas de Palito Ortega.

   El gordo disfrutaba de la cultura como un saber popular. Y de eso sabía un montón. 

   Mi viejo creció en Villa Maipú, a unas cuadras de la cancha de Chacarita. De joven iba siempre. De grande menos, pero seguía todos los partidos. 

   Yo me peleé mucho con él y discutí otro tanto. Y también aprendí. Disfrutar del fútbol lo aprendí de él, sin preocuparme en lo más mínimo por contradicciones impostadas.

   No creo que ningún festejo mundialero lo haya alejado de sus convicciones y sus preocupaciones. 

   No creo que el negocio que mueve el fútbol sea peor que el de la industria editorial por ejemplo ¿Dejamos de leer libros? ¿Dejamos de ver cine?

   ¿Por qué dejaríamos de disfrutar del fútbol, que es tan valioso para este pueblo?

   Con mi viejo festejamos los triunfos del mundial '78 y del '86. También sufrimos el mundial '90. Cabulero como pocos, en el mundial '90 había que respetar el orden en la mesa, cada uno en el lugar en el que había visto el partido anterior.

   En fin, el fútbol, en este país tiene una importancia cultural impresionante. Y la carga emocional de este partido, especialmente, es innegable.

   No es un partido más, claro que no. Quizás si hubiésemos sabido transmitirle a los pibes todo lo que significan estas emociones no estaríamos hoy gobernados por vende patrias.

   Por eso me importa  contarle a mi hijo, por eso quiero abrazarme con él. Porque la patria no es el fútbol, ni la camiseta, ni un cantito, ni los cantitos. Pero son símbolos, son nuestro ADN, están en la piel.

   Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, por mi viejo y por todos nosotros. 



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Una historia de amor en tiempos de pandemia

Feminacidas en las palabras

El por qué del nombre

Creando redes

Alfonsina y El amo del mundo

La muerte, la vida y la nada

El tiempo y la palabra

Orcos poéticos