Ser madre

   Soy mamá desde hace catorce  años, casi quince, y todavía sigo maravillada.
   Lo miro, me miro, y me parece increíble pensar que alguna vez ese pibe estuvo adentro de mi cuerpo.
   De verdad, te parás dos segundos a pensar en esto y no podés evitar el asombro.
   Yo fabriqué una persona ¡guau, qué locura!

***
   Parir, dar la teta, poner el cuerpo.
   No todas las mamás empezamos por ahí, por supuesto. Pero todas ponemos el cuerpo.
   Acunamos, llenamos de besos, abrazamos, acariciamos.
   Nuestros cuerpos maternan.

****
   Ninguna mujer necesita ser madre para estar completa, eso lo sabemos bien.
   Ya estamos completas. Ya somos.
   La maternidad no llegó para completarme, yo la elegí. Podría haber elegido otra vida, otra historia. 
   Elegí la maternidad no para completar mi vida sino para que otro ser, mi hijo, pueda andar su propia vida.

****
   Antes de ser madre había complejos e inseguridades que funcionaban como barreras.
   No sabía bailar, cantaba como un perro.
   Pero un día llegó Juan al mundo.
   Empecé a cantarle a Juan para que se duerma, le cantaba suavecito, casi al oído.
   Y también pude bailar con él, piruetas y zarandeos para verlo disfrutar.

***
   Ni hablar de las manualidades. Siempre fui desprolija, torpe. En fin, las actividades prácticas nunca fueron lo mío.
   Pero las barreras se rompen.
   Primero fue un dibujo, después un barco pirata con goma eva, más adelante un uniforme de soldado.
   Mis manos aprendieron a coser, a pegar, a construir. 
   Madrugadas locas en las que inventaba, copiaba, aprendía.
   Me divertía.
   Jugaba.

***
   Porque con la maternidad volví a jugar.
   Volví a necesitar del juego.
   Juegos de mesa en familia, juegos de postas y corridas en la escuela con otras mamás.
   Jugar, reírnos, divertirnos.
   La risa de Juan, mi risa.
   El juego es tan necesario como comer y dormir.

***
   Desde que Juan vino a este mundo retomé un diálogo invisible con mi mamá, con mi niñez, con mi historia. 
   Ser mamá me lleva todo el tiempo en un viaje hacia adelante para ver qué viene y en otro viaje hacia atrás, preguntándome cómo fui, cómo fue.
   Quiero ser lo que vos no pudiste mamá, lo que no te dejaron, lo que intentaste, lo que no supiste.
   Quiero aprender de vos y de tu mirada, lo que sí, lo que no, lo que me guardé, lo que quiero.
   Voy a acertar y a equivocarme.
   Sin darme cuenta casi, la maternidad me hizo cómplice de tu maternidad, hay un hilo invisble y esta es nuestra aventura juntas.
   Soy mamá porque vos lo fuiste mami.
   Somos madres, vos y yo.

***
   Mi mamá era áspera a veces. Cuando le dabas muchos besos te respondía con un "Bueno, bueno" que significaba "ya está, es mucho".
   Creo que le tenía miedo al deborde.
   Pero yo siempre fui una desbordada. Me sentaba a upa y le exigía mimos. Y ella me los daba sin resistencia.
   De mi mamá me guardo sus risas, sus canciones, una para cada una de sus hijas. Su forma linda de llamarme "feiguele", su pajarito en idish, o "cachquele", su patito.
   A veces lo llamo así a Juan. Pero a veces también me sale el "bueno bueno" cuando me llena de besos.
   "Te parecés a la bobe" me dice, y nos reímos los dos.

***

   Desde que Juan nació, en casa tenemos nuestro propio patrimonio cultural. 
   Las primeras palabras de Juan, un poco inventadas, un poco aprendidas, son parte de nuestro vocabulario. 
   Nosotros sabemos qué es un "eang", qué es un "coqui". Lo sabemos, aunque pasen los años y Juan ya no use esas palabras sino otras, más comunes, más conocidas.
  Hay cuentos, personajes inventados, frases, diálogos que aparecen en medio de una conversación y todos sonreimos porque claro, sabemos quién es Rinito o Dientitos. Historias para que Juan bebé dejara de llorar, para que Juan niño comiera. 
   Hay canciones nuestras, inventadas sólo para él.       Canciones que nos dan risa, ternura, nostalgia.
   Nuestras vidas se fueron llenando de complicidades.

***
   El tiempo va pasando, Juan crece y yo sigo sorprendiéndome.
   Prueba, se arriesga, toma decisiones, aprende, se equivoca.
   ¿Cómo pasó que llegamos hasta acá?
   ¿En qué momento este hombrecito que me mira y me cuenta o no me cuenta nada?
   ¿En qué momento este hombrecito con vida propia?
   Es él, él sin mí; él siendo único, independiente, con su voluntad y sus experiencias. 
   Creo que es lo que más felicidad me produce. 

***
   Cuando elegí ser madre alguien me dijo "olvidate de tu vida" y yo me asusté mucho.
   Creí que yo ya no importaba. 
   Pero no fue así.
   Cuando empecé a ser mamá empezó una nueva parte de mi vida, mucho más reflexiva, más intensa, más introspectiva.
   Encontré una esencia que no sabía que existía.
   Un superpoder.
   Cuando nació Juan, mi vida se volvió más interesante. 

***
   Si yo sacrifico mi felicidad por vos, hijo, te estoy enseñando mal, te estoy diciendo que mi felicidad no cuenta. Si te enseño eso, te enseño que no hay que ser feliz para que otro sí lo sea.
   Sí, por supuesto que hay cosas, muchas cosas que dejé de hacer por la maternidad. Claro. Cada vez que tomamos un camino, descartamos otros.
   Porque elegimos.
   Y yo te elegí a vos.
   A eso me refiero. 

***
   Hablo de ser feliz, en esencia. Hablo de no dejar en suspenso quiénes somos y qué queremos.
  Quiero que sepas que mi vida es valiosa, es importante que lo sepas porque tu vida también lo es. 
   Porque nadie tiene que dejar de ser para que otro sea. 
   De mí quiero que aprendas eso, que vinimos a este mundo a disfrutar de todo lo que podamos.
   Con otros, con nosotros mismos, acompañándonos.
   Es lo más importante que te puedo enseñar.
   No te lo olvides nunca.



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