Cancelar o no cancelar

No soy como ellos. 

No quiero ser como ellos. 

Me niego.

Me resisto.

No celebro el dolor ajeno ni me río de la muerte de otros.

Aunque deteste sus pensamientos, aunque sus opiniones me repugnen.

No puedo ser igual a ellos, no quiero.

Ser como ellos no quiero. 

Necesitamos reivindicar nuestra humanidad, sino desaparecemos.

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No es todo lo mismo, claro.

La muerte del asesino llega como un alivio.

La muerte del que picaneó, del que mandó a picanear; la muerte del que torturó, del que robó bebés; la muerte del que violó a las pibas presas.

Una maldad menos en el mundo, una lluvia que llega para aplacar el incendio, un algo de reparación. 

Se suspira y se dice "menos mal". 

Un poco de justicia tardía para las víctimas.

Y se sigue luchando.

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La muerte del bobo, del equivocado, del necio, no se puede celebrar. La muerte del egoísta, la muerte del fanático, la muerte del traidor, esas no se celebran.

No somos así.

Como el pibito desconocido, que exhibe su flamante fama de medio segundo insultando a la voz más linda del mundo, la voz de La Negra. En algún lado aprendió que "Negra" y "Gorda" son insultos, en algún lado aprendió a llamar "cáncer" a quién piensa diferente. Obviamente no lo vivió, no sabe. Le contaron, y él repite. 

Como esa otra, que celebra en las redes la muerte de una Abuela de 101 años que nunca dejó de luchar por la memoria de su hijo desaparecido. 

Los comentarios de sus seguidores confirman que el odio está de moda. 

Así es la comunicación que florece en estos tiempos.

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Salud entonces por el buen actor, que en paz descanse. 

Nos regaló risas y llantos, y emociones y conversaciones amorosas.

Salud por él, que se fue sin entender.

Salud, porque espero que el arte siempre tenga un lugar en nuestros corazones.

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Hace tiempo escribí un breve texto acerca de "La sociedad de los poetas muertos", una película aparentemente profunda que, creo, deja muchas cuestiones para debatir. 

Una de esas cuestiones es el tema de la cancelación. Me refiero específicamente al momento en el que el profesor rompe la página del libro y les pide a los estudiantes que hagan lo mismo. 

Eliminar esa página es eliminar las diferencias y eliminar el debate acerca de las diferencias.

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¿Es posible cancelar el pasado? ¿Se pueden cancelar fragmentos de historia? Más aun ¿Se pueden cancelar momentos fundamentales de nuestra propia historia?

Hace días, semanas, seguramente varios meses que vengo pensando en esto.

Es verdad que en los últimos años, y con nuevas herramientas, hemos podido repensar la historia, nuestra historia personal y nuestras historias colectivas; y nos hemos sorprendido al descubrir verdades que nunca habíamos visto antes. Es cierto. Violadores, pedófilos, maltratadores, violentos ocultos detras de la fachada de buena gente, de luchadores, de seres admirables.

La historia de la humanidad fue construida negando verdades, encubriendo, aislando.

La obra de tal escritor, el cine de aquel director, la música, el deporte ¿Cancelamos todo? 

¿Qué hacemos con nuestra historia?

Poesías que nos emocionaron, canciones que nos traen el recuerdo de un momento especial, películas que definieron una etapa.

¿Podríamos borrarlas?

No sé si tengo respuestas. 

No me atrevería a elaborar una sentencia. 

Creo que la respuesta es tan personal como los recuerdos que construyeron nuestra historia. 

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Desde que salió a la luz la relación que Noam Chomsky mantenía con Epstein estoy con una sensación de desolación absoluta. No se trata de decepción solamente pero sí. 

Su esposa declaró que él no sabía, que lo engañaron. Puede ser, es probable que Epstein le mintiera. Pero el problema sigue ahí ¿por qué este gran hombre de izquierda prefirió creerle a un varón blanco millonario que a un montón de mujeres que lo acusaban?

Siempre escuché comentarios acerca de los pactos entre caballeros.  Pero nunca lo había visto tan claro. Otra vez, no se trata de cancelar sino de poder discutir. Si cancelamos, una vez más, eliminamos el debate.

El gran poeta que violó a una mujer y lo contó en su biografía y esa biografía fue un éxito. Todos y todas lo leímos y no nos dimos cuenta de nada. 

El revolucionario que sacó de la pobreza y de la prostitución a un montón de mujeres pero le regalo una pibita al deportista para que se divierta. Otra vez el pacto de caballeros. 

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No se trata de eliminar la culpa o de borrar acciones.

Nada desaparece.

Lo que sabemos ya está, se queda.

Sabemos qué queremos y qué necesitamos. 

Dicen que somos nuestra historia.

Si es así, ese recorrido es el que hoy nos trajo hasta acá para que pensemos en qué mundo queremos vivir.


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