Sufrir y disfrutar: la fiesta y lo que queda.
Se parecía demasiado al mundial '90, tendría que haberme dado cuenta. Se parecía demasiado. Esos jugadores apasionados y atrevidos, las críticas feroces del mundo "civilizado", las burlas. Nuestro Diez. Nuestro orgullo.
Y otra vez un gobierno de derecha, neoliberal, vendepatria y servil a EEUU. Tendría que haberme dado cuenta, era demasiado obvio. Estos tiempos se parecen a los '90 pero recargados.
También fue en los '90 lo de la AMIA. Justo hace unos pocos días se cumplió un nuevo aniversario y aunque en aquellos años todavía no existían las redes, por entonces me tocó escuchar en los medios y también en la calle, que "también murieron muchos argentinos". Hoy, treinta y dos años después, los mensajes de odio hacia las víctimas pululan por internet.
Y el mundial, también se parece. Otra vez nuestro equipo llegó a la final, con muchísimas críticas, jugando no tan bien, y, como en el '90, perdimos.
Hasta ahí las coincidencias. Pero esta vez, al menos en el fútbol, la derrota no fue tan amarga. Esta vez pasaron cosas interesantes, momentos que nos devuelven un poco de ternura y alegría.
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Nunca se trató sólo de fútbol.
Nunca.
Los mundiales son siempre algo más.
O son especialmente algo más.
La riqueza del primer mundo y la pobreza del tercero; el poder y el abuso de poder; el fútbol profesional y el potrero; el que llegó con todo resuelto y el que dejó hasta el último aliento para llegar.
Europa, África y América, las acusaciones de racismo y el racismo real, el racismo del poder blanco e inmaculado que dirige un partido más grande y más peligroso que los que se juegan en los mundiales.
Saludar al asesino, negarle el saludo al asesino.
Banderas en alto y las denuncias por los crímenes sangrientos y por el genocidio en Palestina.
Y por Malvinas, por supuesto.
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"Recordar" significa "Volver a pasar por el corazón". No es un hallazgo, lo sé, pero es hermoso y es lo que estos pibes nos dieron.
Levantaron un trapo y el recuerdo se hizo presente.
Levantaron un trapo y dejaron memorias nuevas en nuestros corazones.
Malvinas y el colonialismo. Y el recuerdo de una dictadura sangrienta. El enemigo adentro y afuera.
Malvinas en una sábana blanca con letras negras.
Malvinas y que todo el mundo sepa que el ladrón sigue siendo ladrón doscientos años después.
Malvinas y el dolor.
Y el recuerdo que vuelve a pasar por nuestros corazones.
Gracias por esto pibes, gracias.
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Todo era perfecto, la hinchada más loca acá y allá, la canción que el equipo otra vez se apropió, el recuerdo de Malvinas, el heroísmo, el último mundial del capitán.
Pero no fue suficiente.
Para nosotros está película terminó con llanto y angustia, como tantas otras veces.
Yo no sé cómo será en otros países, pero acá, los mundiales de fútbol se viven con una pasión trágica. Sufrimos y disfrutamos sufrir.
No, no sé cómo será en otros países, pero acá tenemos una historia mundialera con aires de tango y de culebrón.
Lloramos de emoción con la mano de Dios y con el gol más lindo del barrilete cósmico; lloramos en la final contra Alemania por aquel penal trucho; lloramos cuando al Diez le cortaron las piernas.
Y hoy sufrimos otra vez. Por Malvinas, por Diego y porque fue la última de Leo.
Así somos, un poco dramáticos.
Sufrimos y disfrutamos.
Mientras tanto, en otra parte del mundo hay alegría, porque el juego es así: si uno gana entonces otro pierde.
Vamos a extrañar la fiesta, la adrenalina, la alegría. Costará olvidar que pudimos ser los ganadores, pero de a poco esta tristeza se empezará a diluir.
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Queríamos que la final la ganaron nuestros jugadores, obvio. Porque la copa es la copa.
Pero nuestra final se jugó antes, el día que le ganamos a Inglaterra.
No lo digo en un sentido poético o metafórico: ningún partido de este mundial tuvo tanta carga de nerviosismo y de ansiedad como el de Argentina e Inglaterra.
Contábamos los días, nos mirábamos, sonreíamos, sufríamos. No se podía perder, decíamos, este no.
El mismo día del partido leí la carta que los veteranos de Malvinas escribieron a los jugadores y lloré. Salgan a jugar dejando el corazón, pidieron, y fue el mejor partido de nuestra selección.
Yo nunca antes había llorado así por un partido de fútbol.
Esa fue nuestra cuarta estrella.
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Durante todo el mundial las redes se llenaron de acusaciones hacia Argentina. Dijeron tantas cosas. La más grave, creo, es que Argentina es un país racista.
Y sí, en Argentina hay racismo y hay discriminación, y misoginia y homofobia.
Y también hay solidaridad y empatía y hay fraternidad.
¿Cómo se podría responder una afirmación que niega la heterogeneidad de pensamientos de toda la población de un país?
En muchos sentidos, las redes lograron potenciar algo peligroso: la masificación del pensamiento. Hace algunos años, me fascinaba descubrir, navegando en internet, informaciones y noticias que los medios tradicionales ocultaban o menospreciaban. Creía que las redes aportaban una mirada más diversa de la realidad. Pero luego los algoritmos hicieron lo suyo y nos encerraron en nuestros propios sesgos. Las redes reproducen nuestros prejuicios y nuestras violencias.
Lo más peligroso de estos mensajes de odio es que contribuyen a construir la idea de que hay un "nosotros" contra el resto del mundo.
De un lado los que nos atacan, del otro lado, nosotros.
¿Nosotros?
¿Hay un nosotros?
¿Somos un nosotros, todos en un mismo barco?
¿Vos, yo, el que se enriquece a costa de la pobreza ajena, el político corrupto, la ministra que manda a reprimir, el presidente que destruye nuestras riquezas, la vice que reivindica a la dictadura, el que torturó?
¿Alguno de ellos hubiera prestado atención a cualquiera de nuestros jugadores si simplemente fueran pibes anónimos? ¿O los mirarían con desprecio, como miran a todos los chicos de los suburbios y de las provincias?
Sé que gritamos cada gol casi al mismo tiempo que ellos, sé que sufrimos los mismos reveses y sé que nos alegramos con los mismos triunfos también.
Y sé que no quiero estar en el mismo barco.
Sé también que hay un montón de gente buena y laburante que disfrutó igual que yo; que hubo pibes y pibas que quisieron abrazar a nuestro capitán, como yo; sé que miles de personas se emocionaron y cantaron y gritaron y agradecieron tal como me pasó a mí.
A lo mejor podemos elegir quienes forman parte de este "nosotros" que hoy nos pertenece.
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Por morbo, por masoquismo, o por lo que sea, busco las tapas de los diarios del mundo.
¿Qué dijeron de nuestra selección?
"España humilló a Argentina" dice un titular. Usan la palabra "humilló". No hay delicadezas ni eufemismos para el equipo que logró llegar a la final y no consiguió el título.
Un montón de ideas me dan vueltas por la cabeza. Me parece una palabra desproporcionada Pienso en algunas frases de los cantitos de cancha en los que siempre hay un sometido, un humillado.
¿Por qué si le digo a mi hijo que se quede tranquilo y le explico que sólo es un juego, sobrevuela esta sensación de angustia, esta opresión?
Algo que tiene que ver con otras cuestiones se pone en juego en el fútbol en general y en estos campeonatos especialmente. Algo que es estructural, que nos excede.
¿Qué ideas se imponen cuando el equipo de hombres de un país pierden un campeonato de fútbol mundial? ¿Qué hay detrás de esa tristeza y esa decepción?
Resalto que es un juego de hombres porque sin dudas hay algo de masculinidad herida en esta derrota.
Aunque el entrenador sea un varón sensible que dice que "no puedo seguir hablando" por el llanto, aunque los jugadores se emocionen. Aunque hayamos roto muchas viejas enseñanzas.
Atrapados en estas trampas feroces del patriarcado una vez más, el valor de los varones se decide a partir de sus éxitos y sus fracasos.
Me gustaría decirles a nuestros jugadores que ya está, que estuvo muy bueno y que gracias por todo, por estos días llenos de emoción y felicidad. Gracias por los goles, por la garra, gracias por ganarle a Inglaterra, gracias por la bandera de Malvinas.
No necesitamos nada más.
Finalmente, me gustaría pensar, imaginar, cómo se viven estas instancias en el fútbol femenino. La verdad es que todavía es una asignatura pendiente, me la debo. El año que viene tendremos la oportunidad de saberlo.
Espero poder disfrutarlo el mundial de las pibas tanto o más que el mundial que acaba de terminar. Sin humillados ni sometidos. Simplemente fútbol.

Hermoso cono siempre clau para mi lo más importante de este mundial fue volver a poner en agenda el tema Malvinas nuestras Malvinas lo demás lo charlo en un café con mis amigos
ResponderBorrarCreo que fue lo más interesante. Abrazo!
BorrarAy profe, usted tiene una facilidad para escribir cosas que se sienten y no se pueden explicar, porque a veces no se tiene esa delicadeza que se necesita para escribir. España no humilló a nadie, eso es verdad. Todas las acusaciones que recibió Argentina me parecen un tanto insólitas, porque eso que dicen de MI Argentina sucede en todos los países, pero lo que más me molestó que opinen personas que ni siquiera pasaron éste suelo alguna vez. Pero bueno, dicho ésto, solo queda por decir GRACIAS SELECCIÓN 🇦🇷🤍
ResponderBorrarHermoso Karen!!!
BorrarInteresante, tantos significados para pensarnos hacen de este campeonato algo más que un negocio.
ResponderBorrarPor supuesto, hay mucha tela para cortar.
BorrarHermoso escrito. Gracias, Claudia!
ResponderBorrarAbrazo!
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