Los cuerpos y las palabras

 Hace varios días que pienso en los paralelismos que a veces se producen entre la ficción y el mundo real. 

 Resulta que en el club de lectura empezamos a leer Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica. Se trata de una novela distópica que propone que, a partir de la aparición de un virus letal, todos los animales mueren o son sacrificados y los seres humanos comienzan a comer la carne de los cuerpos de otros seres humanos. Humanos pobres, extranjeros, sometidos.

 Espanto y asco. Y fascinación. Todo junto. 

 Lo interesante de esta historia es seguir los razonamientos, las conclusiones y finalmente las decisiones de una sociedad que construye una estructura social, política y lingüística para justificar el horror.

 Sobre todo lingüística. Durante toda la novela, el narrador presta especial atención a las palabras que se utilizan, a las palabras que encubren, a las palabras no dichas. Para construir un universo donde el cuerpo del otro pueda ser bastardeado es necesario construir un lenguaje que oculte el horror y que avale la tortura y el crimen sobre los cuerpos. 

 Las palabras nombran y crean sentido común. En la novela, por ejemplo, la carne humana es llamada carne especial. Todos saben su procedencia pero no se menciona. Sutilezas.

 El lenguaje nombra y normaliza. Hay criaderos, frigoríficos y empresarios de la carne. Hay nombres específicos para las piezas de carne. Todo muy "normal". 

 Como en casi todas las distopías, a través de un futuro horroroso, Cadáver exquisito desnuda un presente no mucho mejor.

 "Miren hacia donde vamos" es el mensaje que nos alerta.

 En principio podemos ver que la novela pone en evidencia la crueldad y el maltrato hacia los animales que consumimos, pero no parece quedarse allí. También, es una radiografía del presente atroz en el que se profundiza cada vez más el desprecio y la falta de empatía hacia la vida de los otros. 

 Humanos que desprecian la vida de otros humanos. 

 Hace días que pienso en las simetrías entre el futuro de la ficción y el presente que hoy estamos transitando. Hace días que no puedo dejar de pensar, con horror, en la violencia que se ejerce desde el poder hacia los cuerpos de los que reclaman.

 Creo que hay algo de Cadáver exquisito dando vueltas en esta sociedad destrozada. 

 No se me ocurre otro razonamiento para entender la despiadada cacería humana que ocurrió el miércoles en el congreso y en plaza de mayo.

 Desprecio hacia el cuerpo del otro. 

 Deleite al destrozar el cuerpo del otro.

 Y las palabras, igual que en Cadáver exquisito, disfrazando, encubriendo: los manifestantes son "Violentos", la manifestación es  un "intento desestabilizador" y la represión es "un gran desempeño de las fuerzas de seguridad". 

 Así intentan ocultar lo abominable. 

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 Sigo pensando en el uso del lenguaje, y entonces aparece "El cuento de la criada".

 Otra vez se plantea una sociedad distópica en la cual se produce una situación que afecta a toda la humanidad: la imposibilidad de procrear. En un mundo contaminado los bebés no nacen. Son pocas las mujeres que pueden llevar a término un embarazo. Ante esta situación los poderosos se unen y deciden esclavizar a esas mujeres y violarlas sistemáticamente, para asegurar la decendencia.

 Pero entonces advierten, no es posible dar a conocer estas acciones sin generar repudio. Hay que llamarlas de otra manera, dicen los hombres, serán los rituales de procreación, ese será el nombre. 

 Las palabras enmiendan, suavizan, ocultan, tachan, tergiversan. Y la acción no es menos brutal. Más aún, está teñida por la especulación, por la frialdad de las decisiones. Horror civilizado.

 Qué tan lejos estamos hoy de esta ficción, qué tan absurda suena la preocupación de estos caballeros cuando nuestro presidente hace muy poco, en un discurso frente a distintos representantes del mundo, planteó su indignación por la fuerte caída de la natalidad como consecuencia de la conquista del aborto legal en distintos países.

 Cuerpos sometidos. Eso es lo que quieren. Cuerpos para esclavizar.

 Cuerpos que perpetuen el orden, cuerpos que trabajen veinte horas por día, cuerpos que sólo sirvan para procrear, cuerpos esbeltos para saciar sus necesidades.

 Cuerpo apaleados, cuerpos maltratados, golpeados, torturados. 

 Ficciones y realidades que se asemejan demasiado. ________________________

 Suena trillado, lo sé, pero hay días, muchos, en los que me siento como Alicia en el país. Una Alicia más parecida a la de la canción que a la del libro.

 El mundo se vuelve incomprensible, caótico, y extremadamente violento.

 En la televisión, en las redes, en todas partes se impone la demencia de un rey grotesco que grita violentamente:"¡Que les corten las cabezas! ¡Zurdos de mierda!".

 Busco la puerta en vano pero no encuentro la salida y nadie, absolutamente nadie, despierta de esta pesadilla. 

 Todos parecen estar adormecidos.

 Me asusta la normalización de esa violencia, la deshumanización de una sociedad a la que el destino de los otros le importa muy poco.

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 Me viene a la mente otra novela, Bilembambundin o El último mago de la querida Elsa Bornemann. En esa novela, la naturaleza, personificada en una mujer, encomienda a una niña, Aldana, la difícil tarea de persuadir a un rey loco para que deje de destruir todo.

 Aquel rey, llamado Tasilio y no Javier, es un tipejo gritón y prepotente que cree que puede hacer cualquier cosa con su poder, como por ejemplo teñir el río de colores. Esta convencido de que la naturaleza es su súbdita y el puede gobernarla a su antojo. 

 Este rey, Tasilio y no Javier, es muy bajito y tan acomplejado está que mandó a construir una corona inmensa y alta para compensar su pequeña estatura.

 En esta novela, finalmente el bien triunfa y Aldana logra cumplir su cometido: el rey reflexiona y gobierna con justeza y benevolencia.

 Pero esta es una novela y no la realidad y este rey se llama Tasilio y no Javier, claro.

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 Sigo pensando en este mundo de locura que estamos transitando. 

 ¿Hasta qué punto son capaces de desplegar su violencia las fuerzas represivas? ¿Existe acaso un placer enfermo y criminal? ¿Cuándo apuntan y disparan a la cabeza del otro, qué sienten? ¿Disfrutan? ¿Cuando golpean el cuerpo de otro, sonríen?

 ¿Y el resto? ¿Qué pasa por la mente de estos funcionarios que ordenan destruir al otro? ¿Gozarán también ellos del dolor y de la desesperación de los cuerpos apaleados? 

 ¿Y los que bancan? ¿Qué les pasa a los "ciudadanos de bien"? ¿Sienten acaso alguna empatía con esos otros? ¿Será que las palabras "kuka", "zurdo", "violentos", "desestabilizadores" les sirven para no pensar que se trata de cuerpos humanos, golpeados, gaseados, quebrados?

 Las palabras dicen, disfrazan, ocultan.

 Las palabras elegidas para naturalizar la represión. Las mismas que usó Videla, que usó Hitler.

 Pero no nos engañemos, el que escucha sabe y acepta. A no hacerse los distraídos después. 

 Yo creí, yo no sabía, yo no entendía.

 Sí sabías y sí entendiste. Y de disfrutar viendo como reprimen a los otros, de ahí no se vuelve nunca más.

 Palabras. 

 Cuando la ministra de inseguridad asumió su cargo y dijo por primera vez que los hijos de los manifestantes eran "escudos humanos" ¿No te hizo ruido? ¿Los escudos no son para la lucha, para la guerra? ¿Por qué los llamó así entonces, antes de que hubiera tal manifestación? ¿Habló de escudos porque ya sabía que utilizaría armas?

 Palabras escupidas, gritadas, arrojadas.

  Destruir al kirchnerismo.  

  Zurdos de mierda.

  La aberración de la justicia social.

 ¿Escucharon?

 ¿Escuchan?

 ¿En qué momento pensaron que la palabra "militante" era cuestionable en plena democracia?

 "Que se jodan ¿Para qué fueron?" se parece tanto a "Algo habrán hecho".

 Todo esto, entenderlo, es lo que más cuesta.

 Porque de ellos, los que abusan del poder, los que reprimen, los que ordenan la violencia, de ellos no esperábamos nada diferente a lo que están haciendo.

 Pero de ustedes, de los que están acá nomás, los que caminan al lado nuestro, los que suben al mismo colectivo y transitan el mundo a los ponchazos como todos, como nosotros. 

 De ustedes, esperábamos la indignación, el repudio, el enojo.

__________________________

 Cuerpos.

 Cuerpos que duelen, que se lastiman, que se rompen.

 Cuerpos tan humanos y blandos y frágiles.

 Cuerpos que sienten y se estremecen.

 Cuerpos que se arquean y gritan y bailan y aplauden y lloran y se abrazan.

 Cuerpos que se quiebran.

 Cuerpos atravesados por balas de goma, de gas.

 Cuerpos golpeados, dolidos, dolientes.

 Dijimos nunca más la puta madre.

 Dijimos Nunca más.


Comentarios

  1. Gracias por decir,no todos tenemos este don . Por eso existe Azorada

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    1. Todos podemos escribir, estoy segura que vos escribirías textos increíbles. Abrazo!

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  2. Me encantó, te necesitamos próximamente en el espacio de diversidad... para una reflexión así en la escuela secundaria que está siendo reflejo de todo lo que pasa...

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  3. Palabras que derraman lágrimas de impotencia y de tanta verdad.El cuerpo que recibe toda la basura y suciedad de esta gente inhumana.Ojala este basural se recicle.Gracias por tan lindas palabras.

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